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Una generación afortunada

La segunda mitad del siglo XX, en México y algunos otros lugares del mundo, fue un período afortunado: lleno de grandes cambios, de relativa paz social y oportunidades de progreso individual, aunque no exento de tragedias y hechos lamentables.

Papá a la fábrica, mamá en el hogar y los hijos a la escuela, como terreno fértil de la esperanza

Fuimos herederos afortunados de nuestros desafortunados padres, en una época en que, pese a sus muchos males, los gobiernos emanados de la Revolución apostaron por la educación como herramienta de progreso. Las manos de aquellos nuevos obreros, curtidas de trabajo duro y no menos peligroso, tomaron nuestras manos infantiles para llevarnos a la puerta del colegio. Algún día, alguien citaría nuestro nombre antecedido del título de licenciado o de ingeniero. Ya no seríamos esclavos de la máquina, ni tendríamos que prender la llama de la humilde estufa de petróleo dentro de un hogar urbano con el espacio de una sola habitación.

¿Por qué este sitio web?

Siempre he sentido envidia legítima por el trabajo de los cronistas, una admiración profunda por los hombres de letras: esas mismas que aprendimos en la escuela, aquella que nuestros maestros severos dibujaban como un templo para conferirle un símbolo de respeto máximo.

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